Placeres invernales

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Placeres invernales

¿Eres de las que ama el invierno o de las que lo padece? Cada estación del año tiene su encanto y sus pequeños inconvenientes para la vida diaria. Disfrutar del invierno puede ser muy fácil y agradable si descubrimos los placeres invernales ocultos tras el frío. Esperamos que si no te gusta el invierno, con estos placeres empieces a quererlo y si ya te encanta, lo disfrutes mucho más.

* El calor de hogar. Uno de los grandes placeres invernales es llegar a casa aterida de frío y disfrutar del calor del hogar. Esa sensación hogareña, cálida y acogedora es impagable, el desprenederte de la ropa de abrigo, a veces mojada por la lluvia, la niebla o la nieve y sentir que a medida que te quitas el peso de encima te desperendes de todas las cosas cansadas y pesadas del día y te sientes bien contigo misma y en tu hogar, es uno de esos pequeños placeres que merece la pena disfrutar. 

* Descubrir la magia del invierno. Salir de casa bien abrigada, bajo capas de ropa, con gorro, guantes o manguitos y bufanda, cámara en ristre, para fotografiar cada detalle bello con el que te topes. Mirar el paseo diario con ojos de ávida fotógrafa y sacar instantáneas con sabor a frío, a viento… 

* Disfrutar de los deportes de nieve. O de una batalla de bolas. O de la sensación lunar de caminar sobre nieve virgen de varios centímetros de espesor.

* Los días de mantita y sofá. Pocas veces se disfruta tanto de un perezoso día de fin de semana como en invierno, con una taza de lo que más te apetezca bien caliente en una mano y el frío al otro lado de la ventana, recostada en el sofá y abrigada con tu manta favorita y un buen libro o una película que hace tiempo te apetecía leer o ver. 

* Las sopitas calientes y la comida reconfortante en general. Es el mejor momento del año para disfrutar cocinando y comiendo, para degustar los tradicionales platos de la abuela o de mamá  y para inventar platos nuevos con los ingredientes de la temporada.

* Las meriendas de chocolate y churros con amigas. O los desayunos con chocolate y churros en familia los domingos. 

* El poder dibujar con el dedo en la ventana. Corazones, nombres, chicas que caminan bajo un paraguas, casitas de chimeneas humeantes… Como cuando éramos niñas.

* Los planes caseros. Alargar las tardes de fin de semana en pareja o recibir amigos y estar en casa hasta las tantas, charlando y riendo, con juegos divertidos o recreando las anécdotas de tiempos pasados.

* El disfrutar preparando repostería casera. Y luego dejarse tentar por ella en el desayuno del día siguiente o en la merienda de ese mismo día. E invitar a los amigos, acercar un platito a esa vecina que siempre tiene una sonrisa para nosotras o sorprender gratamente a los compañeros de trabajo a la hora del café. 

* Preparar románticos fines de semana en casas rurales con crepitantes fuegos de chimenea frente a los que sentarse a disfrutar de una copa de vino y unos arrumacos, largos paseos campestres con aire gélido y limpio que parece ventilar y limpiar los pulmones a cada paso y reconfortantes platos tradicionales con los que entrar en calor al volver de cada excursión. 

 

Foto by Pixabay

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